domingo, 10 de julio de 2016

Cuando terminas una relación

De repente te das cuenta que sonreír no es suficiente, que gritar todo sólo deja un placer inmediato pero al volver a la realidad sigue estando todo ahí, tu pesadilla, el mar por dentro con sus lágrimas,  que lavan el rostro por un momento, pero al final del día, nada o todo es suficiente.
La realidad es otra, ¡no hay opción! vivirla o morir, estar roto es eso, continuar por inercia, porque no hay más, porque el frío volverá, porque nada cambiará por siempre, porque te espera nuevos dolores, porque la mañana se irá convirtiendo en tarde y luego en noche sin nada que puedas hacer para anestesiar el dolor y pasarán los días, volverás a estar bien que significa estable, menos dolido hasta que entre el olvido y puedas manejar los recuerdos.
Ya no serás el mismo, eso sí, jamás se regresa intacto, nunca jamás se regresa tal cual uno se fue, uno muere, esa versión de las cosas no pueden regresar al punto de inicio, pero creerás que estás bien, que estará bien pronto, sonríes, te sugestionas para enfrentar la vida y la cara preocupada de tus amigos y familia.

Conforme pasan los meses, los pies toman nuevas fuerzas, tu cuerpo se fortalece aprende a andar pese a las heridas y a sonreír sin importar a quién, es así como funciona, entregarnos a la vida sabiendo que vamos a morir, dar todo de nosotros conociendo de antemano lo que eso significará pero al final de todo se trata de sentir, sentir algo, amor, dolor, esperanza, sentir que se puede sentir, tener la capacidad de experimentar que no se está muerto, sentir…
¡Tontos suicidas! Van por la vida con un corazón en las manos, para poder creer que se vive, que se late, así se entregan a nuevas ilusiones que le permitan sonreír amablemente, ver el mundo de colores, entumeciendo tus tristezas pasadas sin importar cuál sea el costo de la droga actual.
Porque quizá esta vez funcione, quizá algo cambie, aunque siga haciendo lo mismo de todos los días, con los mismos errores y las mismas manías, con los mismos pesares a cuestas sin solucionar.
Entregan sus ilusiones, muestran su lado más sensible y aquel punto débil con un cuchillo, esperando no ser lastimados, por confianza, por falso amor, por no estar solos,  como si esto, suicida, funcionara alguna vez.

¿No podrías comprender que el único que debería tomar el cuchillo sos vos? Tallarte, esculpir tus sueños, repararte, abrir caminos, matar enemigos y los monstruos bajo la cama, quizá con un nuevo estilo, con una nueva esperanza, con el aire que oxigene tus pulmones sin humo, sin falsas ilusiones.

Y quizá entonces, luego de un largo camino recorrido sobre si mismo, puedas encontrar quién venga trabajando igual, no te necesite ni tú, pero aun así te quiera consigo, no ponga su corazón en tus manos, ya no necesita depender de tu fuerza para construir sus castillos y entonces, sólo entonces puedas encontrar con quién puedas ser feliz verdaderamente. Sin miedos, no te dejará caer, ya que no dependes de tus pies ni los suyos sino de tus propias alas. Y si algún día falla, el mundo no perderá su brillo ni su color, no habrá quién pueda contigo por que dependes finalmente de ti. 


viernes, 4 de marzo de 2016

Soy esa mujer que nadie quiere.

Así de simple o así de duro. Cada día es más común ver casos como éste.
Contando con el hecho que la sociedad, los amigos, familia y demás influencias que hoy por hoy es importante mencionar son y significan en nuestras vidas: las redes sociales, que te bombardean con la frase célebre que dice: "Quedate con el o la que..."


Mamá decía quédate con el que te soporte.
                                                                


Papá con el que luche contigo.
                                                                       


Mis hermanos con el romántico que te enamore.
                                                                          


Mis amigos con el que luche por ti y no sea infiel.
                                                                                 

Y sacado de las redes sociales cosas como ésta.
                                                                        

Pero... ¿en dónde queda lo que yo quiero? ¿Quién preguntó?

Y aquí voy yo con mi historia: Soy la que nadie quiere.

No es por falta de cuidados personales o apariencia física, no tiene que ver con aspectos como cuidado personal o de higiene. Es un tanto más profundo y más doloroso que ello, pues no tiene remedio alguno, soy lo que soy, no lo que esperas:

  1. Soy la que maduró a fuerza de golpes y circunstancias duras en la vida y sobreviví. (Experiencia le llaman)
  2. La que decidió abrirse el camino en lugar de esperar el príncipe azul.
  3. También la que conoce su cuerpo y sabe qué le gusta y qué no. (No acepto rudezas por amor o por pasarlo.) Si no quiero o no me gusta, no hay paso a la negociación.
  4. Mujer empoderada y decidida a luchar. Mi prioridad es mi bienestar físico, psicológico, emocional y laboral. Lo demás me preocupa pero no me desvela.
  5. Soy la que sabe por experiencia cómo salir de las dificultades y a la que acuden cuando necesitan consejo, apoyo, motivación pero no amor.
  6. Por que soy y significo una lucha. Para estar junto a mi deben subir peldaños que muchos se aperezan de subir.
  7. Me doy a respetar, me doy mi lugar, hago lo que me place, cuando me place, porque, ¡exacto! también me place, no me sujeto a disponibilidad de otros.
  8. Lucho por mí al día, por mis sueños y anhelos, por mi esperanza de vivir plenamente, sin ataduras ni restricciones de lo que esperan de mi.


9. Soy quién quiero ser, muy lejos del comportamiento social asignado. La fragilidad, abnegación, obediencia y silencio se lo dejo a otras personas... conmigo no va.

10. Soy la que ama su libertad de expresar, sentir y actuar.

En resumidas cuentas, soy una de tantas mujeres raras en la vida con la que te cruzas y no vuelves a ser igual. Soy el tipo de mujer que decides amar y no te enamoras por generación espontánea, deberás luchar, los cuentos de hadas no funcionan.

Soy del tipo que merece un amor sin precedentes, un amor de acuerdos, de lucha, un amor real.

domingo, 3 de enero de 2016

Cartas sin nombre

¿Y qué si no soy tu sueño,
si no exiguo tu pesadilla?
¿si no soy tus alas,
ni extensión de tu vuelo?
¿Qué importa si sólo soy ceniza y hollín?
Creo ser esa melodía triste que resuena en tu cabeza
y tarareas distraído.
Me dueles tanto como herida soy
tanto como el frío que se apropia de tu hueso.
Me convertí en la soledad que habla,
finjo ser lluvia para rondar tu casa,
y la sonrisa para no morir.