Déjame contarte


Hace años tras la ruptura de mi relación quizá más importante hasta entonces me encerré en soledades. Y con S y plural porque hay muchos tipos: una con frío atravesando la ciudad no es lo mismo que la soledad con un libro y una taza de café en mi sillón y ambas son mías. 
Ciertamente me dediqué a mí misma a reconstruirme y ahora cuando casi lo logro, cuando vengo restaurando casi todas las áreas de mi, apareces con tus soledades y me aterro. 



Puede que seas honesto puede que no, puede que dure mucho tiempo o nos gustemos hasta mañana. Puede también que tropecés con una chiquilla bonita y no seas capaz de desenredar sus piernas nunca más. Pero, partiendo de que mañana no existe y todo el pasado es sólo una referencia no tengo más objeción en dejarte pasar, abrirte la puerta y ver cómo suceden las cosas. También por qué no, puede que no se engranen tus soledades y las mías como un sueño mágico pendejo.

Sé que tus soledades vienen con casas vacías, mientras las llaves quedan dentro y mirás cómo resolver y yo limpiando la mía esperando una visita que no termina de llegar. Sé que tus soledades vienen con tazas de café y una ensalada, conversaciones triviales con tus perros y un sueño tanto más alterado que el mío. ¿cuánto necesitaríamos para reconocernos? ¿Para saber si es posible quedarse o no? ¿Cómo Saber si es necesario preparar café o la vida, como dice las letras de Osorio?

Mis soledades vienen con angustias de tantas heridas que no terminan de sanar, con 22cm de esperanza y un latido irregular. Vienen con canciones de las más baratas calidades a las más finas óperas románticas. Esa clase de mujer soy yo una que bebe café como agua, una rebelde sin causa, despeinada, que no sabe decir las cosas de frente y se sienta en el escritorio a redactarlos. ¿cómo podrías entender que sólo lo que dices, puede calar tanto en mí? 

Soñar es lo que me queda, idealizar un futuro perfecto de casas, perros, jardines y un trabajo muy ocupado que le de a un par de niños una oportunidad que no tuve yo. Que si son sueños básicos o inverosímiles no importa. Son mi motor de vida. El levantarse cansado y desenmarañado pero con una esperanza al hombro que facilite despegarse por hoy un ratico más de la cama.

Y bien, ya voy terminando, déjame saber qué otras soledades tienes, que tantos sueños sueñas, déjame saber cómo vamos acomodando lo que no tiene nombre y excita más que la piel, cómo podemos manejar los besos que nos alteran el ritmo, que quebranta la rutina y compromete por completo la zona de confort.
Déjame contarte pues quiero saber de vos.




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