¡Cerraré la boca! A tu beso, a la palabra Dejaré pasar los días para que se desgrane el fantasma de un nosotros ¡cerraré los ojos! a tu rostro bendita imagen que me da vida y olvidaré tu facciones, tu pelo, cada relieve de ti, en mi memoria ¡Y me falta el aire! se oprime mi pecho me duele la vida en cada inhalación sólo se caer sobre mis rodillas y recogerme en un rincón... También mis manos Dejaré huérfanas las caricias prometidas convirtiéndolos en puños y ahí, en el oscuro secreto de mi amor lloraré amargamente tu olvido
Espirales que juguetean con almas invisibles, inverosímiles, pero reales entre el optimismo, el pesimismo y la verdad Dolorosos los embates, pero ni letales ni mortíferos terrible es la pesadumbre de estar triste y continuar vivo porque se debe retornar a la batalla, pese al miedo. Cómo si fuera posible verse librado de él se le teme, más, estar vivo es sentir sin excepción porque hacerlo, o no, y la incertidumbre también significan dolor. No soy, quizás, digno de elogios por mis ataques certeros más por levantarme de ellos creo merecer honor al mérito tal parece que la vida insiste en que mire al piso y en cambio... Seguiré intentando volar...
Los recuerdos se disipan en las letras de la linda Amanda la mar gime y se retuerce en sus adentros, lo sabe, tal es el dolor que cada minuto, extenso, se agranda. Y viene en pos el olvido marchando al compás del tambor lento y alegre, el invierno, a los campos ha compartido porque la niña antes juguetona, ahora siente un gran dolor. No es vértigo, la debilidad del niño, que cede ante la gravedad sin formas de conocer la verdad justo a tiempo , y ahora fruto de su fallo, o quizás un engaño envuelta queda en soledad. Niña bonita que a los campos del cielo vas a jugar, tomas de él un broche iluminado en noche y no cambia tu figura a madurar, eres bella sin tintura, ni perfume del azar. Torpe e ingenua caminas por la vida, Amanda querida, es hora de tus pequeñas alas estrenar, a un mundo más dulce que el que quizás el amor te puede aportar... Ilusorio y vano vienen siendo los trechos del hombre que a la altura de su...
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